En un mundo donde la información sobre alimentación está al alcance de un clic, resulta sorprendente la confusión que reina en torno a lo que realmente significa comer bien. A medida que las redes sociales proliferan, también lo hacen los consejos contradictorios y las dietas milagro que prometen resultados rápidos y espectaculares. Chris Pefaur, nutricionista del laboratorio Nutrapharm, señala que esta paradoja es más común de lo que se piensa. La sociedad parece estar atrapada en un ciclo de seguir tendencias efímeras en vez de buscar una educación nutricional sólida, lo que plantea una pregunta crucial: ¿estamos haciendo elecciones informadas o simplemente nos dejamos llevar por las modas del momento?
Las creencias erróneas en nutrición abundan y han alimentado mitos que, lejos de contribuir a una alimentación saludable, pueden perjudicar nuestra salud a largo plazo. Muchas personas siguen ideas como que el agua con limón quema grasa o que consumir carbohidratos por la noche engorda, las cuales carecen de respaldo científico. Estas ideas, muy populares en el imaginario colectivo, no solo conducen a la frustración, sino que también pueden distorsionar la relación que tenemos con la comida. Pefaur advierte que es esencial desmitificar estas creencias y enfocarse en evidencia real para construir hábitos saludables.
En el caso de Chile, la situación se complica aún más. A pesar de la creciente obsesión social por la pérdida de peso y comer “bien”, los estudios revelan que la población chilena presenta déficits nutricionales significativos, como el bajo consumo de fibra dietaria. Según datos recientes, los chilenos consumen apenas la mitad de la fibra recomendada por las organizaciones de salud internacionales. Esta situación es alarmante, ya que la fibra es esencial para la salud digestiva, el control del apetito y la prevención de enfermedades crónicas, lo que destaca la necesidad de un enfoque más integral hacia la nutrición.
Pefaur sugiere que el verdadero problema puede no radicar en la falta de voluntad para comer saludablemente, sino más bien en una carencia de herramientas prácticas y educación nutricional accesible. Comer bien no debería ser visto como un sacrificio ni como una batalla constante contra las tentaciones. Al contrario, debería ser un proceso agradable y sostenible que se base en principios sólidos de salud. La nutricionista enfatiza que la alimentación no debe estar atada a modas pasajeras impulsadas por influencers, sino a una práctica consciente y basada en la ciencia.
La clave está en cambiar nuestra perspectiva sobre la alimentación, adoptando un enfoque más flexible y adaptado a las necesidades individuales en diferentes etapas de la vida. Comprender que no existen alimentos buenos o malos, sino que el contexto y la cantidad son lo que realmente importan, es fundamental. Pefaur concluye que la nutrición debe ser considerada como una herramienta vital para mejorar nuestra salud y bienestar a largo plazo. Comer bien no se trata de seguir la próxima tendencia, sino de tomar decisiones informadas que sean sostenibles y responsables, un objetivo más necesario que nunca en la actualidad.

