El inicio anticipado de la cosecha en el norte de Chile, la recuperación de rendimientos en la zona centro-sur y el destacado estado sanitario en el sur han marcado la pauta para la actual temporada vitivinícola. Con proyecciones que apuntan a la mejora en la calidad de la fruta a lo largo de las distintas regiones, cada vendimia se transforma en una experiencia única. Los viticultores deben adaptarse a las condiciones climáticas variables, así como a los diversos comportamientos de las distintas variedades de uva. La interrelación de estos factores determina el resultado final, convirtiendo cada cosecha en un ciclo de aprendizaje constante que refuerza la identidad de los vinos chilenos.
En la zona norte, específicamente en el valle de Limarí, la vendimia comenzó el 9 de febrero, aproximadamente 12 días antes que en la temporada anterior. La recolección de uvas de chardonnay para la prestigiosa línea Cordillera se benefició de un ciclo adelantado, iniciado bajo condiciones climáticas muy favorables. Sin embargo, el incremento de temperaturas a partir de diciembre obligó a los enólogos a tomar decisiones cruciales en el momento de la cosecha, con el fin de preservar la acidez y frescura característica de los vinos de esta región. A pesar de enfrentar un contexto de sequía estructural, las lluvias de invierno han mejorado el desarrollo vegetativo de los viñedos, lo que augura un vino con gran calidad y frescura.
En la zona centro-sur de Chile, que abarca desde Maipo hasta Itata, la temporada ha presentado un invierno frío que facilitó la acumulación de horas de frío necesarias para un buen desarrollo de las plantas. Las heladas de octubre afectaron específicamente a algunas variedades, pero en general la floración y cuaja se desarrollaron de manera óptima. Se observa una recuperación notable en el rendimiento de variedades como el sauvignon blanc y el chardonnay, que habían sufrido en la temporada anterior. La climatología ha sido cálida y seca, y la gestión del riego se ha vuelto esencial para superar los episodios de altas temperaturas, permitiendo al equipo técnico mantener la frescura y el equilibrio deseado en los vinos.
Hacia el sur, en Osorno, la vendimia todavía se encuentra en desarrollo, con expectativas de cosecha de sauvignon blanc para dentro de aproximadamente seis semanas. La temporada ha estado marcada por un clima favorable, donde la primavera se destacó por no tener heladas severas. A pesar de algunas lluvias recientes en febrero, el estado sanitario de los viñedos es muy positivo, lo que augura un rendimiento satisfactorio. La madurez de las uvas avanza a un ritmo superior al de la temporada pasada, aunque el clima de las próximas semanas resultará clave para determinar los resultados finales. La interacción entre las condiciones climáticas y la experiencia del viticultor se perfilan como factores decisivos en esta etapa.
Finalmente, Eduardo Jordán, enólogo y director técnico de Miguel Torres Chile, destacó que cada zona enfrenta desafíos distintos, pero también viene a resaltar la capacidad de adaptación que los viticultores han desarrollado para responder a un clima en constante cambio. La diversidad geográfica de Chile se traduce en una amplia gama de características en los vinos producidos, donde el norte se distingue por su concentración y frescura, el centro-sur muestra signos de recuperación y el sur mantiene un estado sanitario favorable. En términos generales, la temporada vitivinícola 2026 se presenta con un panorama alentador, donde la experiencia acumulada en los viñedos es fundamental para seguir construyendo vinos con identidad propia.
