El sector financiero y las tasadoras en Chile están viviendo un cambio notable en sus criterios de valorización, con un enfoque renovado hacia aquellos proyectos que respetan la geografía del terreno. Este giro se produce en el contexto de una creciente preocupación por la crisis climática y la necesidad de una planificación territorial más responsable. Desde que en 2022 el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) endureciera las normas de subdivisión de terrenos, el mercado inmobiliario rural ha experimentado un movimiento drástico hacia la valorización de terrenos que no solo cumplen con requisitos estéticos, sino que también protegen los ecosistemas y las cuencas hídricas. Hasta hace poco, las subdivisiones en cuadrícula eran la norma, pero ahora se están buscando soluciones que se integren con el entorno natural.
Con la modificación de los manuales de valorización, el sector financiero ha comenzado a valorar más las características hídricas y la salud del suelo que la simple facilidad de explotación agrícola que ofrecían los terrenos cuadrados. Camilo González, gerente de operaciones de Genau Green, resalta que este cambio en la percepción hacia la valoración de terrenos es fundamental. Según él, un proyecto que interrumpe los ciclos naturales y degrada la calidad del suelo se considera ahora un pasivo económico. De esta manera, las entidades financieras han comenzado a priorizar proyectos que ofrecen un diseño adaptativo, reconociendo que estos no solo cumplen una función estética, sino que mantienen la viabilidad económica a largo plazo.
Las nuevas exigencias de las tasadoras han llevado al mercado inmobiliario a ser más riguroso en su análisis. En la actualidad, se exige a los desarrolladores un estudio detallado de las características del terreno, como las curvas de nivel y las escorrentías naturales. Este nivel de detalle técnico se ha vuelto esencial, ya que un plano en cuadrícula que robe la esencia del ecosistema está destinado a perder su valor real. Los expertos coinciden en que el diseño que se adapta a las limitaciones geográficas no solo es preferible, sino que es un requisito imprescindible para asegurar la inversión y la plusvalía de los proyectos, fortaleciendo así la relación entre los bancos y los desarrolladores.
La adaptación a la geografía de la tierra se ha transformado en un concepto clave para el éxito de las iniciativas inmobiliarias. En un escenario donde la escasez de recursos como el agua y la calidad del suelo se convierte en un problema creciente, los proyectos que garantizan su conservación están en una mejor posición para recibir financiamiento. Este enfoque ha llevado a los bancos a reconocer que la verdadera liquidez de un activo radica en su capacidad de resiliencia y en la preservación de su entorno natural. Así, la tendencia hacia la valorización de terrenos que respetan la naturaleza apuesta a la sostenibilidad a largo plazo de los activos inmobiliarios.
Finalmente, el cambio en la mentalidad de los agentes financieros y tasadores refleja una evolución hacia una economía más sostenible, donde el respeto por el medio ambiente y la integración con el paisaje son fundamentales. Los tiempos en los que se optaba por la intervención agresiva de los terrenos parecen estar quedando atrás, dando paso a métodos más amigables con el entorno. Este nuevo paradigma no solo beneficia a la naturaleza, sino que promueve un futuro donde las inversiones en bienes raíces sean más equilibradas y adaptativas, garantizando que los compradores protejan su patrimonio de una manera más consciente y contextual. Así, respetar la forma natural del terreno se establece como una prioridad en la valorización financiera, marcando el inicio de una nueva era en el mercado inmobiliario rural chileno.

