Terapia Hormonal y Nutrición: Un Enfoque Integral en la Transición de Género

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La terapia hormonal en la transición de género se ha convertido en un tema relevante en el ámbito de la salud, ya que cada vez más personas se encuentran en este proceso de autodescubrimiento y afirmación de su identidad. En este contexto, la nutrición juega un papel fundamental, no solo por los cambios físicos que se experimentan, sino también por el impacto que estos pueden tener en la salud general. Luz Ortiz Roa, docente de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás Puerto Montt, enfatiza la importancia de proporcionar guía nutricional acorde a las necesidades de cada individuo que transita entre géneros, una necesidad que ha sido subestimada a pesar de los avances en el acceso a tratamientos hormonales.

El estudio más reciente de Waters y Linsenmeyer, titulado «The impact of gender-affirming hormone therapy on nutrition-relevant biochemical measures», revela cómo la terapia hormonal puede influir sobre diversos parámetros metabólicos. Estos cambios no solo afectan el perfil lipídico y el metabolismo de la glucosa, sino que también alteran parámetros hematológicos, hepáticos y renales. Cada caso requiere un enfoque personalizado, en donde profesionales de la salud de diferentes campos se unen para diseñar un plan de intervención adecuado, que incluya la suplementación nutricional específica para cada tipo de transición.

Para aquellos que están en un proceso de transición de mujer a hombre (FTM), la docente Ortiz Roa subraya la importancia de la suplementación con calcio y vitamina D, dado que la reducción de estrógenos puede impactar negativamente la densidad mineral ósea. Además, la niacinamida se presenta como un aliado clave para controlar el acné que puede surgir al inicio de la terapia hormonal, regulando la producción de sebo. Estos enfoques no solo mejoran la salud ósea, sino que también contribuyen a la salud dermatológica y emocional durante la transición.

En el caso de la transición de hombre a mujer (MTF), se resalta la necesidad de incluir omega-3 en la dieta para contrarrestar el aumento potencial de triglicéridos y presión arterial debido a la combinación de estrógenos y antiandrógenos. A su vez, antioxidantes como la coenzima Q10 y la curcumina son valorados por su función en el mantenimiento de la salud vascular. Además, es aconsejable el uso de multivitamínicos sin hierro, facilitando un soporte energético necesario en un momento de cambio corporal significativo, beneficiando así tanto la salud física como emocional del paciente.

Finalmente, Ortiz Roa sugiere que la salud mental también debe considerarse en el manejo nutricional durante la terapia hormonal. El uso de probióticos y prebióticos puede favorecer un equilibrio emocional, dado que el 95% de la serotonina se produce en el intestino. Además, la suplementación con L-metilfolato y vitaminas B6 y B12 puede jugar un papel crucial en la producción de neurotransmisores, contribuyendo a una mejor función del sistema nervioso. Todo esto resalta la necesidad de un enfoque interdisciplinario y personalizado que contemple las vertientes físicas, emocionales y nutricionales en la transición de género.

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