En la reciente EXPO Condominios 2026, Juan Carlos Latorre, presidente del Colegio de Administradores, ofreció una charla que capturó la atención de los asistentes al abrir con una anécdota personal que reflejaba una de las debilidades del oficio que representa. Con una mezcla de ironía y sinceridad, Latorre confesó su incapacidad para salir de un grupo de WhatsApp correspondiente a una de las comunidades que administra, lo que sirvió como un preámbulo para abordar los endurecidos desafíos que enfrentan los administradores de propiedades en el contexto actual.
Durante su intervención, Latorre presentó un diagnóstico sombrío sobre el rol de los administradores de edificios, describiéndolo como una profesión que opera al límite. La raíz del problema, según su análisis, radica en la abrumadora cantidad de tareas que la ley de copropiedad impone a los administradores, estipulando cerca de 150 funciones específicas. A esta cifra se le deben sumar más de 200 funciones adicionales derivadas de reglamentos internos y solicitudes de propietarios, lo que plantea un escenario verdaderamente complejo para quienes gestionan estas comunidades.
Un dato alarmante que reveló Latorre es que entre el 70% y el 80% de los administradores manejan entre una y cinco comunidades sin la estructura empresarial que esta profesión requiere. Esto ha resultado en un colectivo de profesionales que se encuentra constantemente desbordado, actuando sin un tiempo adecuado para planificar y enfrentándose a problemas imprevistos en cada uno de los edificios que administran. Así, la idea central de su charla radicó en la diferenciación entre el acto de administrar un edificio y la dirección de una empresa de administración, enfatizando que mientras que la administración se aprende día a día, la dirección empresarial exige una visión más amplia.
Latorre sugirió a los administradores realizar un autodiagnóstico para entender mejor el valor de su tiempo y evaluar la rentabilidad de las comunidades que manejan, considerando no solo los ingresos monetarios, sino también otros tipos de valor aportados, como la reputación o la experiencia en proyectos complejos. Este enfoque integral también incluía la salud mental del administrador, un aspecto que rara vez se discute, pero que es crucial en una profesión que genera un notable desgaste físico y emocional. En este sentido, propuso implementar protocolos operadores eficientes, similares a las listas de verificación que usan los pilotos de aviación.
Cerrando su presentación, Latorre expresó su preocupación por el futuro del sector ante el aumento de la regulación, sugiriendo que esta puede conducir a modelos alternativos de administración, como el que ya se observa en Brasil con la figura del síndico. Este movimiento hacia alternativas podría desplazar a los administradores tradicionales si no se toman medidas adecuadas. Para Latorre, el camino a seguir consiste en que el sector evolucione de una lógica de supervivencia diaria a una gestión que reconozca su verdadero valor como una empresa, asegurando así la sostenibilidad del oficio en el futuro.

