El próximo 21 y 22 de noviembre, la Sala Negra Juan Barattini Carvelli, de la Escuela de Teatro UV en Valparaíso, se convertirá en el escenario del estreno de la obra de danza contemporánea ‘HAY UNA ROCA QUE AFLORA’, un proyecto que ha sido financiado por el Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas, convocado para el año 2025. Las funciones tendrán lugar a las 19:00 horas, y los interesados podrán realizar reservas a través del formulario disponible en el Instagram de la escuela (@escuelateatrouv). Esta obra se propone establecer una conexión profunda con la Provincia del Marga Marga, explorando su rica geología y la interacción entre los cerros y el estero que conforman este singular paisaje.
La creación escénica de ‘HAY UNA ROCA QUE AFLORA’ es resultado de un trabajo interdisciplinario, en el que participan profesionales con diferentes especialidades. La dirección está a cargo de Carolina Cifras, mientras que Constanza Urresty ha colaborado como asesora geológica, aportando su visión sobre los procesos que generan el entorno natural de la región. Asimismo, el elenco cuenta con las talentosas interpretaciones de Laura Corona y Lucía P. Vivas, quienes dan vida a esta propuesta artística que busca resaltar la belleza y la complejidad del territorio que habitan.
La asesora geológica Constanza Urresty ha compartido sus impresiones sobre el proceso creativo, enfatizando la importancia de conectar con el entorno a través de las experiencias sensoriales y no solo desde un enfoque racional. Urresty ha expresado que su colaboración consistió en diálogos y reflexiones grupales, además de recorridos por los cerros, donde pudieron explorar la flora y fauna del lugar. Este enfoque busca enriquecer la percepción del público sobre el territorio, promoviendo un vínculo más íntimo con la naturaleza a través del arte.
Laura Corona y Lucía P. Vivas, intérpretes de la obra, han destacado cómo el proceso creativo les ha permitido no solo fortalecer sus lazos como colegas, sino también redescubrir y resignificar danzas ancestrales en un contexto contemporáneo. Las caminatas por los cerros y el dialogo constante entre ellas han facilitado una exploración profunda que trasciende la técnica, invitando a la audiencia a unirse a su viaje emocional y físico a través de la danza. Ambas coinciden en que la experiencia compartida ha sido un medio para reconectarse con sus raíces y con la esencia territorial.
El equipo de trabajo también contempla la labor de Marcela Landeros, encargada de comunicaciones, quien ve en este proyecto una oportunidad para acercar la danza a un público más diverso, intentando romper barreras que a menudo limitan el acceso a las artes escénicas. Las funciones de ‘HAY UNA ROCA QUE AFLORA’ no solo prometen ser un espectáculo visual y sensorial, sino que también aspiran a ser un puente que conecte diversas comunidades con la danza, celebrando la cultura a través de un proceso colaborativo y inclusivo que sirva de inspiración para futuras iniciativas artísticas en la región.

