Mainque Melipan, un joven de 12 años y violista de la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, se ha convertido en un referente de perseverancia y superación. Desde muy temprano, a las seis de la mañana de un sábado, Mainque se levanta con energía y propósito, ansioso por asistir a su ensayo. Para él, tocar la viola no es solo un pasatiempo, sino una fuente de alegría y paz. A pesar de estar dentro del espectro autista, su inclusión en la orquesta representa un cambio significativo en su vida, lleno de nuevas amistades y conexiones que antes le resultaban difíciles debido a su diagnóstico. La música ha abierto las puertas a un mundo donde se siente valorado y parte integral de un grupo, en lugar de un niño aislado.
El camino hacia la orquesta comenzó por la influencia de su hermana mayor, quien ha sido contrabajista en la misma institución durante seis años. La familia de Mainque se adentró en el mundo musical mediante la experiencia de su hermana, pero la audición para la orquesta fue un desafío significativo. El momento de la evaluación, frente a varios profesores, provocó nervios y ansiedad, en particular por sus dificultades para interactuar en entornos sociales nuevos. Sin embargo, el resultado fue positivo, y la noticia de su selección se convirtió en un hito clave para Mainque y su madre, resaltando la importancia del acompañamiento psicológico que recibió. Ella subraya cuán valioso ha sido el soporte del equipo, que actúa como una familia solidaria que siempre está dispuesta a ayudar.
Desde su integración a la orquesta, Mainque ha encontrado no solo un espacio para su formación artística, sino una comunidad vibrante donde puede socializar y hacer amigos. A través de sus ensayos, ha desarrollado su habilidad de interactuar con sus compañeros, creando lazos que trascienden el ámbito musical. Según sus propias palabras, el año anterior fue el más decisivo en su proceso de socialización, donde empezó a disfrutar del tiempo con sus compañeros, compartiendo risas e incluso bromas con sus instructores. Estas interacciones significan mucho más para Mainque, quien, al haber enfrentado retos sociales en el pasado, ahora experimenta la satisfacción de pertenecer y sentirse aceptado.
Las presentaciones ante el público han sido un componente fundamental en su desarrollo personal y musical. Mainque describe sus actuaciones como momentos de felicidad, donde cada espectáculo es la culminación de los ensayos y el desafío constante que implica tocar junto a otros músicos. El joven siente que el repertorio se vuelve progresivamente más complejo, lo que lo motiva a superarse cada día. Aporta su energía positiva al grupo y prefiere las piezas vibrantes y enérgicas, reflejando su propia evolución a través de la música. En este sentido, su pasión no solo toma forma en sus habilidades con la viola, sino que también se traduce en un crecimiento personal notable.
Para su madre, el impacto que la orquesta ha tenido en la vida de Mainque va más allá de lo musical; su hijo ha aprendido a comunicarse y a relacionarse con los demás a través de la música, considerándola un lenguaje universal. Mainque, con optimismo, anima a otros niños en situaciones similares a buscar su propio lugar en un grupo. A través su experiencia, él ha desarrollado un compromiso profundo con la música y una intención de enseñar a otros, aunque con un toque humorístico confiesa que no se siente del todo competente en ese aspecto. Sin embargo, su deseo de ayudar a otros demuestra su madurez y empatía. Mainque ha hallado su hogar en la orquesta, donde, entre notas y ensayos, ha descubierto identidad, confianza y amistad.

