Chile ha dado un paso importante hacia la transformación del entorno escolar con la reciente implementación de dos leyes que buscan mejorar la calidad de vida de los niños y jóvenes. Desde el inicio del año escolar 2026, se ha prohibido el uso de teléfonos celulares en los colegios, una medida que busca reducir las distracciones y fomentar un ambiente de aprendizaje más efectivo. Esta normativa acompaña a la nueva Ley N°21.778, que establece la obligatoriedad de al menos 60 minutos diarios de actividad física durante la jornada escolar. Ambas legislaciones apuntan a un objetivo común: combatir el sedentarismo y mejorar la salud física y emocional de los estudiantes.
La prohibición del celular durante las horas de clase y recreo plantea un regreso a interacciones más significativas entre los alumnos. En un contexto donde las pantallas dominan la atención de los pequeños, la ley significa recuperar espacios de juego y socialización en el patio escolar. Experiencias anteriores en colegios que implementaron restricciones al uso de teléfonos han demostrado un aumento en la actividad física espontánea entre los estudiantes. Este cambio podría catalizar una cultura escolar en la que el movimiento sea parte integral de la rutina diaria, en lugar de estar relegado a un segundo plano.
Por su parte, la ley que promueve una hora diaria de actividad física se alinea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y responde a una necesidad urgente: la alarmante tasa de obesidad y sobrepeso entre la población infantil en Chile. Integrar el deporte y el ejercicio en el horario escolar no solo contribuye a la salud física, sino que también mejora la concentración y el rendimiento académico de los alumnos. A través de juegos y deportes, se busca desarrollar habilidades sociales y físicas que son fundamentales para el crecimiento y bienestar de los niños.
El impacto de estas leyes no se limita a la actividad física y la reducción en el uso de pantallas. La ciencia respalda que los niños que ejercitan al menos una hora diaria experimentan una mejora en su salud cardiovascular, disminuyen el riesgo de obesidad y obtienen mejores resultados en pruebas cognitivas. Los beneficios del ejercicio también se traducen en un mejor manejo de emociones y una mayor capacidad de atención. Esto vincula el movimiento físico no solo con la salud, sino también con la eficacia académica, planteando una propuesta integrada para la educación chilena.
La implementación exitosa de estas leyes dependerá de diversos factores, como la formación de docentes, la adecuación de infraestructura y la creatividad pedagógica para incorporar el movimiento en la vida escolar diaria. Es esencial que las escuelas no solo proclamen estos cambios, sino que los materialicen de manera efectiva. El mensaje que se envía es claro: en un mundo cada vez más digitalizado, la necesidad de equilibrar el tiempo frente a las pantallas con el movimiento activo es crucial. Chile está iniciando un camino hacia una educación más saludable, y la fórmula parece ser tan simple como dejar el celular en la mochila y aprovechar cada oportunidad para moverse.

